La herejía de los cátaros en el siglo XII

Los veinte años de cruzada contra los cátaros comenzaron bajo el pontificado de Inocencio III. A los primeros cruzados se les redujo en el sur de Francia, en Bèziers y Carcasona, con grandes matanzas. Los cátaros rechazaban la iglesia establecida por muchas cosas, tanto teológica como políticamente hablando. En última instancia, la destrucción del movimiento cátaro ayudó a instituir una inquisición encargada de erradicar las herejías.

Tomando el ejemplo de la iglesia primitiva descrita en los Hechos de los Apóstoles, los cátaros rechazaban el lujo de la iglesia católica del siglo XII. Su nombre “cathari”, significa puro. Sin embargo, al mismo tiempo, los cátaros aceptaban una forma de dualismo, influenciado por las herejías anteriores que persistían en el Imperio Romano.

Los cátaros creían que la Tierra había sido creada por Satanás, y por lo tanto, toda la materia era mala. Sólo el espíritu había sido creado por Dios, que ofrecía la luz eterna. Esta creencia los llevó a rechazar la plenitud de Cristo, así como su resurrección. Las consecuencias de de las creencias cátaras comenzaban ya a ser muy graves para la iglesia católica.

Demonio Asmodeo en Rennes Le-Château

Rechazaban los sacramentos, así como el matrimonio, y creían en la reencarnación. Al crecer en popularidad y en número, sobre todo en el sur de Francia y el norte de Italia, varios papas tomaron cartas en el asunto, y enviaron a predicadores, como Bernardo de Claraval, para convertir de nuevo a los herejes. Fue el Papa Inocencio III quien tomó las medidas más severas, sobre todo tras el asesinato de un legado pontificio.

La expansión cátara fue ayudada por los obispos y abades del sur de Francia, cuando éstos impusieron un nuevo impuesto para la iglesia, hasta ahora desconocido en la región. Además, a diferencia de la iglesia católica, no practicaban la disparidad de género, permitiendo que las mujeres pudiesen participar en todo. Este aspecto puede explicar porqué comenzó a crecer el movimiento cátaro.

El movimiento cátaro se hizo fuerte en los pueblos fortificados de Bèziers y Carcasona, donde sus habitantes comenzaron a debatir sobre las cuestiones religiosas, fundamentalmente en el mercado de la ciudad. Algo que se repitió más tarde, en el siglo XVI, con la reforma protestante y el movimiento de los hugonotes franceses.

La cruzada contra los cátaros

En 1209 el Papa Inocencio III logró asegurarse el apoyo militar francés para dar una solución definitiva al problema de los cátaros. La iglesia no dudó en tomar la decisión de matar a todos, matar a todos, y Dios ya daría cuenta de ellos. Toda la población de Bèziers fue masacrada. Carcasona, sin embargo, se entregó, y el conde, Raymond Roger, fue encarcelado. Después de erradicarse el movimiento, los terrenos se añadieron a la corona francesa.

Expulsión cátara de Carcasona.

La Inquisición se estableció en 1229 para extirpar totalmente la doctrina. Operando en el sur de Tolosa, Albi, Carcasona y otras ciudades durante todo el siglo XIII y gran parte del XIV, tuvo éxito en la erradicación del movimiento.

En 1244 tuvo lugar un acto, en donde los líderes cátaros, así como más de doscientos seguidores, fueron arrojados a una enorme hoguera en el prat dels cremats (prado de los quemados) junto al pie del castillo. Más aún, el Papa (mediante el Concilio de Narbona en 1235 y la bula Ad extirpanda en 1252) decretó severos castigos contra todos los laicos sospechosos de simpatía con los cátaros.

Perseguidos por la Inquisición y abandonados por los nobles, los cátaros se hicieron más y más escasos, escondiéndose en los bosques y montañas, y reuniéndose sólo subrepticiamente.

El pueblo hizo algunos intentos de liberarse del yugo francés y de la Inquisición, estallando en revueltas al principio del siglo XIV. Pero en este punto la secta estaba exhausta y no pudo encontrar nuevos adeptos. Tras 1330, los registros de la Inquisición apenas contienen procedimientos contra los cátaros.

Estela situada en el Camp dels Cremats (campo de los quemados), recordando la pira en la que ardieron 200 cátaros defensores de Montsegur.

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