Abuín, la aldea enmeigada

Abuín, es una aldea completamente abandonada que perteneció a la parroquia de Leiro, en el ayuntamiento coruñés de Rianxo,
fue abandonada por sus habitantes después de la muerte de buena parte de ellos, y el misterio de su abandono llega hasta nuestros días.

Para llegar al lugar hay que dejar el coche y adentrarse a pie en el monte, donde la altura de los árboles apenas dejan pasar la luz. Entre hiedras, árboles, silvas y maleza continúan en pies los muros de tres viviendas y restos de otras, e incluso caminos por los que los habitantes de la aldea se dirigían a sus trabajos en el campo.

La leyenda dice que los habitantes del viejo Abuín, asaltaron el Monasterio de Armenteira, sacando de allí un gran tesoro, una vez llevado a la aldea, parece ser que se arrepintieron, pues ya intuían que algo no estaba bien, y dieron el botín al cura, para que éste lo escondiera.

Al día siguiente, el sacerdote amaneció muerto, y a él le siguieron buena parte de los vecinos de la aldea, mientras la creencia de que eran víctimas de una maldición se extendía por el lugar.

Se dice que los vecinos, incluso recurrieron a videntes y brujos, para que les indicasen dónde estaba el tesoro, buscaron por todas partes, con el fin de devolverlo, para reparar la falta.

Lo cierto es, que jamás se supo nada de su paradero. De hecho, hay quien dice, que el tesoro aún está enterrado debajo de una de las casas que todavía conserva parte de su estructura, y que antiguamente se cree que era la capilla.

Otra teoría cuenta, que el cura enterró un cáliz robado en la Iglesia de Leiro, y que la maldición recaerá sobre quien lo encuentre.

Aunque también hay historias que culpan a los pueblos nórdicos, vikingos que vinieron a invadir estas tierras desde el norte, y ocuparon la zona, del exterminio.

Pero por increíble que pueda parecer hay una explicación racional, alejada de leyendas y maldiciones, que arroja luz sobre lo que ocurrió en la aldea maldita y que incluso pone fecha al abandono.

Según parece la peste llega, allá por el siglo XIV desde el puerto de O Grove. Aquel fue el episodio más virulento de la enfermedad que causó en Europa 25 millones de muertos. La rapidez con la que se propagó la peste llevó a la gente a creer que se trataba de un castigo divino, por lo que abandonaban la aldea en la que vivían pensando que estaba maldita.

Lo cierto es que Abuín se transformó en una aldea maldita al sufrir en sus carnes la virulencia de la Peste Negra, totalmente extendida por la península Ibérica.

Tras la muerte de muchos de sus habitantes, los que sobrevivieron, estaban horrorizados pensando que la causa de sus males tenía procedencia divina como castigo por la profanación del tesoro religioso robado en Armenteira, y comenzaron a huir de aquel terrible lugar, al que comenzaron a considerar como una aldea
maldita.

Hay que tener en cuenta los precarios medios de la medicina de aquella época y la ostensible virulencia de la Peste Negra que actuó de forma atroz, provocando la muerte rápida en un tercio de la población en el mejor de los casos. Los lugareños no tuvieron duda alguna de que el infortunio se encontraba en el interior de la aldea, por lo que trataron de abandonarla con rapidez, no sin antes dejar, tal como se constata en lo que debió ser la calle principal que cruzaba el pueblo, unas marcas que se han relacionado como los avisos para todo aquel que osara poner los pies en su interior.

Cruceiro grabado en roca

Hoy en día, todavía pueden verse los muros de tres viviendas y los suficientes restos de piedras de construcción desperdigadas en el entorno que dan idea clara de la existencia de otras viviendas. Las silvas, típicas plantas de los montes gallegos, provistas de abundantes y fuertes espinas, las hiedras, árboles, arbustos y una gran maleza, ocultan y protegen los restos de este poblado maldito.

Dada la precariedad de medios de los habitantes de la aldea, no tenían grandes posibilidades de huir muy lejos. Sus posesiones y sus tierras estaban ubicadas allí, y de ellas malvivían. Su extraña huida no les condujo mucho más lejos de las últimas paredes de las casas del pueblo. Se asentaron de nuevo, algunos construyendo sus nuevas viviendas casi pared con pared de las que consideraban malditas, pero con el tímido convencimiento de que el meigallo que acabó con la vida de aquel lugar, no saldría del entorno de la aldea.

Decir que todo lo comentado va en relación con la vieja aldea de Abuín, pero hoy en día muy próxima a ésta, tenemos la nueva aldea de Abuín, en la que viven sin ningún tipo de problema un buen puñado de vecinos.

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