Agustín Luengo, el Gigante Extremeño

Agustín Luengo Capilla, también conocido como El Gigante Extremeño o de Puebla de Alcocer, nació en la calle Colón de Puebla de Alcocer, unos dicen que en 1826 y otros que, en 1849, lo que está claro es que si hubiera nacido en 1826 no podría haber conocido a Alfonso XII

Probablemente ha sido el segundo español más alto de todos los tiempos, llegando a alcanzar hasta los 2,35 m, (veinte centímetros más que Pau Gasol) una época donde la talla media rondaba el 1,60

Esto es un claro ejemplo de acromegalia, un trastorno causado por un tumor que dispara la producción de la hormona del crecimiento.

De familia muy humilde, al ser la casa de sus padres de reducidas dimensiones, éstos se vieron obligados a abrir un butrón en la pared para que pudiera dormir con las piernas totalmente estiradas.

De su infancia se sabe que fue un niño muy enfermizo, se cuenta que a los 12 años su padre lo vendió a un circo portugués por 70 reales, dos hogazas de pan blanco, media arroba de arroz, miel del Alentejo, una garrafa de aguardiente, dos paletas de jamón y un daguerrotipo de los que hacían en la feria.

A Agustín Luengo no le pareció mal el trato, así podría recorrer mundo dejando atrás el pueblo donde circulaban gran cantidad de las leyendas que exageraban sobre él.

En el circo Agustín era una de las mayores atracciones, su espectáculo consistía básicamente en mostrarse tal cual era y pasear bien cerca del público para que niños, mujeres y hombres se deleitaran con su altura exagerada. El momento cumbre de la función llegaba cuando, ocultaba en sus descomunales manos de 40 centímetros un par de panes redondos de kilo y medio cada uno.

Carteles de circo en el que se anuncia la presencia de ‘El rey de los Jigantes’ . Foto cedida por el Museo del Gigante Extremeño

Conoció al rey Alfonso XII, llegando incluso a actuar en exclusiva para él, quién le regaló un par de botas, de las que actualmente se muestra una de ellas en el museo etnográfico de Puebla de Alcocer, el número de la bota es equivalente al número 52.

3 de octubre de 1875 La Correspondencia de España. Fuente: Prensa Histórica

Conoció al rey Alfonso XII, llegando incluso a actuar en exclusiva para él, quién le regaló un par de botas, de las que actualmente se muestra una de ellas en el museo etnográfico de Puebla de Alcocer, el número de la bota es equivalente al número 52.

Más tarde conoció a D. Pedro González Velasco, catedrático de Anatomía de la Universidad de Madrid, que por entonces estaba montando el museo antropológico de Madrid y le hizo una curiosa propuesta: Le compraría su cuerpo en vida a cambio de una renta de 3.000 pesetas, una fortuna en aquella época, equivalente al salario medio de ocho años. Agustín recibiría 2,50 pesetas al día mientras viviese y a su muerte, su cuerpo pasaría a una especie de museo anatómico

Agustín aceptó la propuesta que se le había hecho y empezó en ese momento a disfrutar de la vida con la seguridad de tener para vivir. La primera medida fue abandonar el circo y trasladarse a vivir a Madrid donde no podía dejar verse demasiado.

Luengo fue a caer en brazos de la Joaquí, auténtica estrella en el burdel de la Antonia. Pero, más que amor, esta, lo que perseguía, era el bolsillo bien surtido de Luengo, muy generoso con su jornal diario en sus atenciones. Ni el príncipe heredero de Grecia se había gastado tantos cuartos en ella.

El gigante malgastó su adelanto convencido de que así la podría sacar de allí y formar una familia de estatura normal. Pero no hubo modo y, con mal de amores a cuestas, el pobre Agustín parecía un tilo despojado de ilusiones dando tumbos por las calles de Madrid. Para colmo, una tuberculosis ósea le carcomía los huesos sin que apenas nada le calmara el dolor. Solo lo lograba una pócima alucinógena de cornezuelo de centeno que le convirtió en medio yonqui exhibicionista dispuesto a fornicar en plena calle y tirarse el quicio de las puertas, cosa que ocurrió en la Plaza del Conde de Barajas a plena luz del día.

Aunque todo esto no le duró mucho, ya que pronto se le diagnosticó tuberculosis ósea en estado avanzado, y murió a la edad de 28 años. 

Sufrió un colapso y murió tirado en una acera. El doctor Velasco ni se enteró. Cuando pudo cerciorarse ya era tarde y el experimento de su embalsamamiento quedó arruinado. Debía hacerlo con el cadáver caliente.

Se afanó en vaciarlo de carne podrida y dejarlo solo en los huesos, los planes quedaron desbaratados.


Molde del cuerpo de Agustín Luengo, en el Museo de Antropología de Madrid
El gigante disecado, entre dos maniquíes, en el Museo de Antropología de Madrid

Del gigante extremeño quedan únicamente los huesos. Sobre la piel, arrancada entonces por Velasco, nada se sabe. Los primeros descansan en su vitrina, el resto quedó durante años guardado en los desvanes del museo. Ahora no hay rastro pese a que allí permaneció hasta los años ochenta. La familia Velasco, propietaria del cadáver y del Museo Nacional de Antropología, tiene la respuesta.

En el museo etnográfico de su pueblo natal se conservan otros objetos del gigante como las botas que le regaló Alfonso XII, así como algunos calcetines y un gorro de color carmesí.

Bajo el título ‘El hombre que compraba gigantes’ el extremeño Luis C. Folgado de Torres ha escrito un libro que refleja la vida de Agustín Luengo Capilla.

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