La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna – España

La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, conocida como Expedición Balmis en referencia al médico español Francisco Javier Balmis, fue una expedición de carácter filantrópico que dio la vuelta al mundo y duró desde 1803 hasta 1814.

Su objetivo era en principio que la vacuna de la viruela alcanzase todos los rincones del Imperio español, ya que la alta mortandad del virus estaba ocasionando la muerte de miles de niños.

La expedición finalmente no solo llegaría a todos los rincones del Imperio sino que pasaría fronteras, llegaría a lugares como China o colonias portuguesas como Macao donde no había llegado la vacuna.

El rey Carlos IV apoyó y sufragó con fondos públicos al médico de la corte, el doctor Balmis, en su idea de una vacunación masiva de niños a lo largo del Imperio, ya que su propia hija, la infanta María Teresa, había sufrido la enfermedad.

La expedición salió del puerto de La Coruña un 30 de noviembre de 1803. Se considera la primera expedición sanitaria internacional de la historia y salvó miles de vidas.

Corbeta María Pita zarpando de uno de los puertos del Caribe (1803-1804). / Grabado de Francisco Pérez (BNE)

La operación se comenzó con el flete del navío María Pita que llevaba a 22 niños huérfanos (entre 3 y 9 años) que habían sido inoculados con la vacuna aún viva en su cuerpo; Balmis, un prestigioso cirujano; 2 médicos asistentes, 2 prácticos, 3 enfermeras y la rectora del orfanato Casa de Expósitos de La Coruña, Isabel Zendal Gómez. Se puede entender globalmente como «una caravana infantil con rumbo al Nuevo Mundo para transportar la vacuna y prevenir las epidemias de viruelas. Dando como resultado uno de los viajes más extraños que tiene como protagonista a la medicina y a la ciencia en el siglo XIX».

El 30 de noviembre de 1803 zarpa el navío con 37 personas desde el puerto de La Coruña. Entre los 22 niños hay 6 venidos de la Casa de Desamparados de Madrid, otros 11 del Hospital de la Caridad de La Coruña y 5 de Santiago. La vacuna debía ser llevada por niños que no hubieran pasado la viruela y se transmitía de uno a otro cada 9 o 10 días.

Las normas de la expedición indicaban claramente el cuidado que los niños debían recibir. Ninguno de ellos regresó a Galicia. Y 1 de los 22, murió.

«…serán bien tratados, mantenidos y educados, hasta que tengan ocupación o destino con que vivir, conforme a su clase y devueltos a los pueblos de su naturaleza, los que se hubiesen sacado con esa condición».

Cada niño recibía un hatillo que contenía: dos pares de zapatos, seis camisas, un sombrero, tres pantalones con sus respectivas chaquetas de lienzo y otro pantalón más de paño para los días más fríos. Para el aseo personal: tres pañuelos para el cuello, otros tres para la nariz y un peine; y para comer: un vaso, un plato y un juego completo de cubiertos.

La misión consiguió llevar la vacuna hasta las islas Canarias, la Nueva Granada (Actual Venezuela, Colombia y Ecuador) al Perú, a la Nueva España (actual México y parte de EEUU), las Filipinas y China.

​El barco llevaba instrumental quirúrgico e instrumentos científicos, así como la traducción del Tratado práctico e histórico de la vacuna, de Louis-Jacques Moreau de la Sarthe, para ser distribuido por las comisiones de vacunación que se fundaran.

Regreso a España


En su camino de vuelta a España, Balmis consiguió convencer a las autoridades británicas de la isla Santa Elena (1806) para que tomasen la vacuna.

El propio descubridor de la vacuna de la viruela, el británico Edward Jenner escribió sobre la expedición:

«No puedo imaginar que en los anales de la Historia se proporcione un ejemplo de filantropía más noble y más amplio que este».

Sobre el mismo hecho el prusiano Alexander von Humboldt escribía en 1825:

«Este viaje permanecerá como el más memorable en los anales de la historia».

Monumento en Coruña en homenaje a los niños huérfanos que fueron a la expedición

Recorrido de la expedición:

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